
No me gusta trabajar —a ningún hombre le gusta—, pero sí me gusta lo que hay en el trabajo: la posibilidad de hallarte a ti mismo. Es tu propia realidad, la que se te revela a ti y no a los demás, la que ningún otro hombre conocerá jamás. Los demás tan sólo pueden apreciar la mera apariencia y nunca sabrán lo que significa.
Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas, pág. 55. Ediciones Península. Año 2002.
En medio de un continente salvaje que empieza a ser infernal a causa de la civilización, novela Conrad la intrusión del dispositivo comercial e industrial del colonialismo europeo en África. Los paisajes son sombríos y asfixiantes. Los personajes que aparecen constituyen, con su fea precariedad, una queja dirigida a los civilizados europeos que creen ser la referencia necesaria de todo humanismo. En ese mundo y sobre un barco de vapor destartalado, retorcido y deshecho, al cual está reparando Marlow, el autor trae esta reflexión como si llegara allí por correo, por los retorcidos y andrajosos caminos del colonialismo. Ese correo que acompañaba a la destrucción y la rapiña desatada sobre las selvas y las orillas del continente salvaje.Ahí tenéis, junto al vapor destartalado, expuesta la esencia del trabajador, su realidad. No importa que el europeo haya llegado allí, al continente africano, impulsado por el deseo de rapiña o de aventura. No importa que aquel vapor haya de conducirnos al corazón del horror. No importa que los pies de Marlow se empapen de sangre en la cabina de aquel amasijo destartalado de latas y que, poco después, unos caníbales suspiren por la carne del negro que derramó aquella sangre, mientras que los europeos reclaman unas dignas exequias. Ahí, entre el canibalismo y la hipocresía.
Nada importa. Desenmascarado el devenir de toda jovialidad filosófica, se convierte en una aventura siniestra hacia el corazón donde se nos revela el rictus del horror; pero no importa, he aquí al logos occidental, sin jovialidad ni tinieblas. Tenéis aquí sencillamente al trabajo en tanto que revela la realidad del trabajador, mientras que mantiene alejados de la suya al amo y al consumidor. Tenéis aquí al trabajo en tanto que aleja del trabajador el producto de su trabajo y lo allega al amo y al consumidor. Tenéis aquí la revelación de la esencia de uno y la negación de la del otro. Tenéis aquí la expropiación de uno y el goce del otro. Todo definido en la relación de uno al otro.
Bien, la pregunta que se suscita es: ¿Cómo ubicar este benefactor discurso logocéntrico sobre el trabajo y la esencia del trabajador en una obra que gira en torno al horror? ¿Había leído Conrad a Hegel? Por qué no admitir que, al igual que el sueño de la razón engendra monstruos, el trabajo y su poder de revelación engendra otra clase de monstruos. No está el corazón de las tinieblas cargado de esos monstruos: Hagamos un breve inventario:
Tráfico de marfil, forma de rapiña ejercida contra la natruraleza y contra el orden social (robo de un cargamento, la atribución del carácter fósil a algunas piezas, Kurtz que intenta trabajar y enriquecerse al margen de la compañía,...)
Bloqueo del flujo de mercancias: no llegan los remaches necesarios para culminar la reparación del vapor y, sin embargo, hay un flujo cierto de abalorios y telas chillonas, más propios de África que de la Europa industrial.
El trabajo, convertido en predación y rapiña, convierte a los indígenas en extraños siervos de Kurtz que, a su vez, está poseído por una especie de religión ritual indescriptible para la mentalidad occidental y que, sin embargo, parece haber sido acuñada por Kurtz para un uso propio y no social.
No es necesario reseñar especialmente la crueldad del trabajo de los negros: los desahuciados de la arboleda, los cadáveres de negros asesinados por blancos que se encuentran en la selva. Toda una teratología que se opone al carácter puramente abstracto del trabajo industrial que, no por eso, ha dejado de comportar también crueldad. Mas, crueldad de facto, no de iure.
En fin, ¿no son todos estos los monstruos engendrados por el sueño del trabajo como dador de la esencia del trabajador?