lunes, 28 de diciembre de 2009

2. El hombre que habita la Luna y el hombre deshabitado


Nada de Querella quedaba ya en su propio cuerpo. Estaba vacío. Ante Vic ya no había nadie: el criminal acababa de llegar a su perfecta culminación por la aparición en el seno de la noche de unos cuantos árboles agrupados en forma de una cámara, o mejor de una capilla, por cuyo centro transcurría el sendero. [Jean Genet: Querella de Brest, pág. 80. Traducción de Felícitas Sánchez Mediero. Ed. Debate, 1979]

[...] Querella no era ya sino un leve aliento suspendido de sus propios labios y con libertad para separarse del cuerpo y colgarse de la rama más cercana y más espinosa. [...] Era libre de abandonar su cuerpo, soporte audaz de sus cojones. [op. cit. pág. 81]

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El asesino se irguió. Era un objeto de un mundo en el que no existe el peligro, pues uno mismo es un objeto. Bello objeto inmóvil y sombrío en cuyas cavidades Querella escuchó al vacío sonoro desencadenarse zumbando, escaparse de él, rodearle y protegerle. [...] El delicado aliento al que Querella se había reducido continuaba suspendido de la rama espinosa de una acacia. Ansioso, esperaba. El asesino resopló dos veces muy deprisa, como hacen los boxeadores, movió los labios en los que Querella vino suavemente a posarse, a introducirse por la boca , a subirse a los ojos, a bajarse a los dedos, a colmar el objeto. [op. cit. págs. 83 y 84]


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miércoles, 23 de diciembre de 2009

1. El hombre que habita la Luna y el hombre deshabitado



[Porque] incluso las fantasías modernas más deshumanizadas se basan en símbolos más viejos y más sencillos; las aventuras pueden ser locas pero el aventurero tiene que ser cuerdo. El dragón sin San Jorge no sería ni siquiera grotesco. Así, este paisaje inhumano era sólo fantástico debido a la presencia de un hombre realmente humano. Para la mente exagerada de Syme, las casas y terrazas brillantes y desiertas junto al Támesis parecían tan vacías como las montañas de la luna. Pero incluso la luna sólo resulta poética porque hay un hombre en ella. (Chesterton. El hombre que fue Jueves, pág. 52. Traducción Alicia Bleiberg. Ed. Alianza).
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Syme acaba de adquirir una nueva identidad simbólica. Entró en un antro de anarquistas siendo un detective de Scontland Yard y sale elegido como el representante "Jueves" en el Consejo General de los Anarquistas de Europa sin haber abandonado su condición inicial de detective. A pesar de ser un impostor, Syme desplazó con un discurso radical a Gregory que es el único anarquista auténtico de la novela. A pesar de su diferencia fundamental —uno es caracterizado por Chesterton como un poeta de la anarquía, el otro como un poeta del orden—, hay entre ambos una base para el intercambio de identidades. Syme es una "de esas personas a las que la vida había empujado tempranamente a una actitud excesivamente conservadora debido a la sorprendente locura de la mayor parte de los revolucionarios" (op. cit. pág. 42). Sin embargo, no ha nacido así. Él es un poeta. Por su parte, Gregory, es un anarquista "serio" y por ende pertenece a una red ferreamente organizada y jerarquizada (que no es más que una farsa, ya que todos sus miembros, salvo uno, son también agentes de Scotland Yard). Sin embargo, se presenta a sí mismo como un poeta de la anarquía. De modo que Syme es, hasta cierto punto, una figura intercambiable con Gregory. Éste esperaba salir del antro siendo "Jueves" y, sin embargo, fue Syme quien alcanzaría el título. Además, esta especie de hechizo se ha hecho factible gracias al pacto de honor que se estableció entre ambos y que, moralmente, los iguala.
En esas circunstancias, transfigurado por el entusiasmo aventurero, el paisaje sufre una mutación ante los ojos de Syme que lo contempla como si perteneciera a un planeta nuevo (op. cit. pág. 51). Es la luna llena la que da pábulo a esta impresión tan fantástica. Syme cree estar "en otro planeta, más vacío, que giraba en torno a una estrella más apagada" (op. cit. pág. 52). Y, mientras más desolación percibe en ese nuevo planeta, más vacío, más crece la relevancia de su propia locura de aventurero. O mejor, mientras más relevante es su aventura, mas desolada le parece la tierra. Ahora los instrumentos insignificantes que caen inesperadamente en sus manos se les aparecen como símbolos caballerescos... "Porque incluso las fantasías modernas más deshumanizadas se basan en símbolos más viejos y más sencillos..."
En resumen: rutilante aparición del héroe en medio de un paisaje que está desolado y apagado. Son los dos polos. Vacío espectral del paisaje frente al resplandor del hombre; vacío iluminado por el hombre realmene humano, el cual no puede desprenderse de contextos simbólicos que pertenecen a la tradición y en eso encuentra un asidero ante la locura de su aventura. ¿Por qué esa aventura moderna, loca y deshumanizada, que consiste en infiltrarse en un grupo de anarquistas encuentra asideros en contextos atestiguados por la tradición?
Traigo este pasaje, este fragmento, para compararlo con un pasaje de Jean Genet. Planteo así la posibilidad de que ambos textos se refieran a lo "mismo". Posibilidad tal vez ilusoria; pero, en fin, veámoslo.
































viernes, 28 de agosto de 2009

A proposito de Sarepta

Vete de aquí, vete hacia oriente y escóndete en el torrente Queritz…esconderse para dar vida

 

En I Re 17-19 aparece una gran sequía, da la impresión de ser un castigo por la idolatría del rey, en realidad se trata de mostrar la superioridad del Dios de Israel a Baal, Elias es un profeta errante, que va como los patriarcas, de un lugar a otro obedeciendo al Señor
En ! Re 17,2,4 El Señor le indica a Elias:
Vete de aquí, vete hacia oriente y escóndete en el torrente Queritz..........
( El torrente Quérizt, es de localización incierta. El alimento recibido por el profeta recuerda el cuidado de Dios en el éxodo
San Agustín ve en Elías una prefiguración del rechazo Judío a Xto. Elías sufrió persecución y tuvo que refugiarse en el torrente ,Xto tuvo que dejar la sinagoga,Elias marchó al desierto, y alimentado por los cuervos, Xto es confortado en el desierto de este mundo con la fe de los gentiles, por eso se dice de la iglesia de los gentiles "soy negra pero hermosa, hijas de Jerusalén" Sermones atribuidos a San Agustín Sermones 40,1
En Sarepta Elias estaba fuera de la jurisdicción del rey que lo perseguía, llama la atención que una viuda, a punto de morir
sea la que Dios elige para dar alimento al profeta Xto presenta este hecho como que Dios da sus dones a los que quiere, no a los que se crean con derechos a recibirlos (Instrumentos flacos)

La viuda piensa que la enfermedad y el mal que sufre es debido a un castigo divino, por los pecados cometidos y que Dios se fija precisamente por la presencia del profeta. Pero el relato queda claro que todo es providencial para el reconocimiento del único Dios.
.......Elias enseña a la viuda como olvidándose de si misma, acogiendo al extranjero, descubre la Fe, fe que confirma con la oración insistente Ahora se que tú eres un hombre de Dios,y que la palabra del Señor en tu boca son verdadera

miércoles, 26 de agosto de 2009

La viuda de Sarepta

VIUDA DE SAREPTA

La mejor manera de llorar a un muerto es trabajar en su campo

 

          No  tengo pan; sólo un puñado de harina y un poco de aceite   

                                           (  1 Re17,12)

 

Vamos a dominar por G el vínculo de una generación con otra. No  tengo pan; sólo un puñado de harina y un poco de aceite (1 Re17,12) La viuda acoge al otro y comparte su último trozo. La viuda quiere vivir porque quiere a su hijo .La vinculación  débil sólo vale  para satisfacer necesidades específicas y proyectos de corto vuelo. La G en cambio presupone vínculos de por vidaque cargan no sólo con el futuro personal, sino con el mas largo y aleatorio de los hijos.

¿Cómo va ser posible la G desde el repliegue angustiado sobre si mismo que tiene como único mensaje el tesoro, cínicamente subrayado por el liberalismo democrático, de que cada uno de nosotros es de un valor no sometible a ningún otro valor o persona? ¿Amar al otro como a uno mismo? ¿Cómo, si se convierte en obstáculo de mi inalienable bienestar que no está como para recoger leña para el otro (V;10)

Al hacerme cargo del desvalido e inerme, descubro lo mas hondo de mi mismo, me hago prójimo  Lc 10  Jose María Martos trozo sobre la viuda de Sarepta y el ocaso de la G

 

Meditando estas palabras pienso en la verdadera amistad, , en porque hoy se rompen tantos matrimonios, en porque las conversaciones son a veces tan vanas y aburridas, en definitiva en las ligaduras tan tenues, débiles que se nos quiere decir que son las correctas, que no debemos jamás ser matronas , ni cirineos de nadie

sábado, 15 de agosto de 2009

Pasado II

Pasado II
¿Perteneció el librito a Martha? ¿Lo vendió a los gitanos una mañana de domingo, cuando su estancia en la península tocaba a su fin?
Leí un poco de Huasipungo, abriendo una página al azar: "En la misma forma perezosa y triste que se estiró el amanecer sobre los cerros se movilizaron los mingueros, se arrastró un vaho blancuzco de voluptuosas formas a ras de la tierra empapada, se inició el parloteo de los muchachos...", y he sentido la imperiosa necesidad de arrojar toda esta documentación, trozos de vida de tiempos diferentes, acariciados por ideas y pensamientos que volaron, al océano virtual, a la vorágine digital, como forma de exorcizar en mí el error supremo de no haberlos descubierto antes. O en mi soledad, como mensaje de náufrago a destinatarios perdidos, como yo, en interminables orillas.
Y en mi oscura y polvorienta biblioteca el aire se hace denso, ya con la ventana cerrada, pero unos fantasmas se agitan, formando un pequeño escándalo, en la pila de libros alterada por mi torpeza.
Y por la calle cantan marchando unos jóvenes: "¡ cocineroo, cocinerooo, enciende bien la caandelaaa...! cuando ya la noche pre invernal se muestra plena en el firmamento.

Pasado I

Acabo de entrar en mi oscura y polvorienta biblioteca para cerrar una ventana que permitía un chorro de aire frío en toda la casa; en la penumbra he vacilado, tropezando con el antebrazo en una pila de libros tachados por el olvido que implica haber sido sustituidos hace años por Internet, y varios de ellos han caído al suelo; al recogerlos he retenido uno, y con él he querido recordar mis largas tardes de lector cuando septiembre terminaba sus últimos días, refrescando y con los cielos llenos de nubes altísimas y enormes.
Me he sentado en el sillón de orejeras, y a la luz del flexo lo he abierto: es uno de tantos que compraba compulsivamente en mercadillos, a precios irrisorios, y está impreso en Buenos Aires en 1977 por Editorial Losada; la undécima edición de una novela de Jorge Icaza titulada "Huasipungo". Esta amarillenta y huele a humedad, a librería de viejo. Tiene al final un sello con tinta violeta que dice "E.I.N. 696 FRAILE, S.A. OCAÑA, 147 MADRID-24, y al principio una cifra a lápiz, 200, que es casi seguro el precio en pesetas. Entre sus páginas encuentro una postal en cuyo reverso, con letra pequeña y culta un tal ¿Goann? le escribe en inglés a Martha Phipps desde Hawaii. Martha está en Westbury, New York. Primero él se disculpa por haberse ido a Hawaii sin telefonearla, luego le pregunta si irá pronto a España, si tiene sitio donde vivir, si sabe algo para Alemania en el verano, y le dice que no sabe apenas nada de español; le dice también que está leyendo a ¿Gage? Amado, pero en inglés, y que es un maravilloso escritor; le solicita su dirección en España, nombra algo de Eliot que no logro entender y se despide con un "good luck in España". Love, Goann".
El matasellos de la postal tiene fecha del 25 de agosto de 1980. La foto es de "Bali Hi on Kauai".

martes, 11 de agosto de 2009

DIOGNETO


Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario. Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.

Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (2Co/06/10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida

Tomado de gritos y plegarias 16ª edición DDB pagpágina 403 Se trata de un breve tratado apologético dirigido a un tal Diogneto que, al parecer, había preguntado acerca de algunas cosas que le llamaban la atención sobre las creencias y modo de vida de los cristianos: "Cuál es ese Dios en el que tanto confían; cuál es esa religión que les lleva a todos ellos a desdeñar al mundo y a despreciar la muerte, sin que admitan, por una parte, los dioses de los griegos, ni guarden, por otra, las supersticiones de los judíos; cuál es ese amor que se tienen unos a otros, y por qué esta nueva raza o modo de vida apareció ahora y no antes

domingo, 9 de agosto de 2009

Dios eligió lo que el mundo tiene por necio


Dios eligió lo que el mundo tiene por necio


INSTRUMENTOS FLACOS


1:26 Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
1:27 Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes;
1:28 lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale.
1:29 Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.
1:30 Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención,
1:31 a fin de que, como está escrito:"el que se gloríe, gloríese en el Señor"



Corinto era una ciudad populosa y rebosante de actividad. Sólo los más astutos y audaces podrían abrirse camino en lo económico y en el ámbito de las ideas.


Era lógico que se experimentara por parte de los que habían recibido el evangelio de Xto, cierta impotencia para transmitirlo


La mayoría de los cristianos de corinto era sencillos, trabajadores del puerto, artesanos de todo tipo, madres de familia, esclavos y esclavas.


Para ellos perecería una cosa rallando en lo imposibles transmitir el mensaje de Xto


Ya lo había dicho San Pablo en 1 Co 1 : el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios


La lógica de Dios es distinta a la astucia humana


No es cuestión de calcular si vamos a ser capaces, sino de confiar en Dios que nos


ha llamado a su servicio…la vocación es lo primero



Parte de los comentarios están tomados de Alegres con Esperanza de Francisco Varo Textos de San Pablo meditados por San Josemaría editorial Rialp páginas 76, 77, 78

viernes, 7 de agosto de 2009

Pikachu en la caverna



Mientras para un niño no resulta especialmente difícil identificar cientos de "especies" de Pokemon, todavía es raro que sepa distinguir una decena de aves.

Alejandro Sánchez. Director Ejecutivo de SEO/BirdLife. La Garcilla, nº 138 (2009)



A modo de introducción



Sea un joven lector que por primera vez lee a Platón. Su lectura puede que no sea inocente, pero, al menos, será ingenua. Seguramente leerá algunos de esos diálogos que son también grandes obras literarias (el Fedón, el Banquete,...). Seguramente necesitará tener pronto un informe, un resultado capitalizable. ¿Cuál será éste? ¿Podremos concebirlo desde nuestra imaginación que, a fin de cuentas, será la de aquellos que fueron —o siguen siendo— lectores ingenuos de Platón


Cualquiera que sea ese joven lector, no habrá aún aprendido a adaptar su mirada a las necesidades del ejercicio teórico. Ni siquiera estará iniciado en tal ejercicio ni dispondrá de los conceptos filosóficos que lo posibilitan, sino que, más bien, discurrirá sobre un continuo literario (o meramente literario) y, de tiempo en tiempo, aislará un cierto agregado si éste demuestra ser útil como concepto en el mismo acto de lectura.

Supongamos, además, que nuestro bisoño lector no acude al texto platónico con la intención de corroborar una interpretación precocinada, divulgativa o profesoral.


Dado todo lo anterior, si este lector ficticio puede obtener alguna interpretación de los textos, podremos suponer que operaban en él preconceptos, meced a los cuales podía adquirir una comprensión prefilosófica en su lectura de Platón.

Hemos imaginado la posición de un lector ingenuo. Ahora, al escribir, no puedo dejar de identificarme con él. Admita, pues, el lector, que las enseñanzas recibidas por mí de aquella lectura sean achacables a cualquier otro lector que cumpliera los requisitos citados más arriba.

Para el joven lector las enseñanzas se podrían resumir así: Platón no hacía más que describir las opiniones, más o menos sistematizadas —según las posibilidades de las ciencias de su época— como doctrinas y concepciones que podrían caracterizar, en general, al intelecto del hombre occidental que, como tal hombre, habría permanecido invariable y permanente desde el tiempo de Sócrates hasta el presente y constituiría el paradigma de toda humanidad posible.


Al hablar en general del intelecto del hombre occidental creemos hablar del sacerdote y el juez, el médico y el artista, el campesino y el obrero de la ciudad. Permítaseme, pues, hablar de una ficción como el intelecto promediado del hombre occidental.


En toda esta débil caracterización hay que hacer notar que, en la expresión nominal "el intelecto promediado del hombre occidental", la preposición de ha de entenderse tanto en sentido objetivo como subjetivo, ya que designa tanto a las concepciones sobre el discurso teórico que el hombre occidental sostiene, como a aquellas concepciones que le tienen a él como objeto.


En todo esto va marcando el tenor el hecho de que la existencia histórica del hombre occidental es sobreentendida de una manera atemporal. Frente a todo devenir, el hombre es hombre y su historicidad no modifica su esencia, más bien esta historicidad es, respecto al hombre mismo, un movimiento del hombre invariable sobre el plano del tiempo. La historicidad se refiere al movimiento de lo que no cambia.


Hasta aquí el expediente de un lector filosóficamente ignorante e inadvertido, pero, que tiene en común con el resto de los mortales el poder leer un texto filosófico sin pertenecer a la estirpe de los filósofos.


A este lector se le podría advertir que si abandonase la posición sobre la existencia histórica del hombre que acaba de esbozarse, podría abrirse a otra en que no se preservara la permanencia del hombre como tal ni de las categorías que rigen su discurso.


Quedarían ambos, así, lanzados al curso del devenir, cualquiera que sea el significado de esto último. Entonces el logos del intelecto promediado del hombre occidental, en cuanto que él es lo que ha devenido a lo largo de su historia, podría constiuir, no una especie de naturaleza del hombre, sino la recensión asistemática, afilosófica y sometida a toda clase de malinterpretaciones que el intelecto promediado del hombre occidental hace del pensamineto de los miembros de la selecta estirpe de los filósofos.


De acuerdo con esta última perspectiva, ahora, la interpretación del ignaro lector habría de ser ésta: el pensamiento de Platón aparece como una mera descripción, parcialmente elevada a la sistematicidad (de acuerdo con las posibilidades científicas de su época), del promediado intelecto del hombre occidental, porque éste consiste parcialmente en la antedicha recensión y, en ella, el ascendente platónico tiene el peso de algo originario y determinante de la tradición que, además, ha sido asegurado por su temprana incorporación a la religión cristiana.


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Un texto que se comprende, o no.


Leamos ahora el texto que encabeza este artículo. Como si hubiera surgido de un fondo de convicciones bien fundadas, donde hubiera reposado desde siempre y desde el que emerge para reclamar sus derechos, apelando a algo que el lector podrá verificar en sí mismo y que le incumbe como la instancia de un imperativo hipotético, pero teórico, si así puedo decirlo. Un imperativo dirigido a la voluntad de saber, mas, como imperativo hipotético, incapaz de determinar a ésta de manera absoluta por su propia legalidad. Y es que, una vez leído el texto, todo lector siente que no es neutro, porque, además de describir un estado de cosas, señala la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto. Podéis imaginar a un lector que no reconozca que hay allí una valoración , sí. Podéis imaginar a un lector que falle a favor de la incorrección creyendo que es más rica y plural que la corrección, pero los juicios de ambos se sabrán inmediatamente extraviados y marginales, de tal forma que tendrán que defender su opinión como si no formara parte del fondo de convicciones bien fundadas que mencionamos antes. Sea cual sea la posición particular que adopte cada uno, resultará patente para todos que lo que separa a la corrección de la incorrección es lo mismo que separa a una particular formación de la ausencia de esa particular formación.


Pero, leamos el artículo completo y, primeramente, su título. Éste propala: "Educación por las aves". Señala así una orientación: el conocimiento taxonómico de las aves se orienta a un fin. Servirá como medio para fines que estarán delimitados por una cierta idea de educación.


El autor comienza por explicar brevemente qué son los Pokemon, para, inmediatamente, alarmarse por las sucesivas "generaciones" y "evoluciones" que han aumentado el número de "especies" de estos seres. Resume esta parte de su presentación diciendo que hay tantos Pokemon como especies de aves suele incluir una guía europea de estos animales.


A continuación se asombra el autor de que los chicos sean capaces de identificar cientos de especies de estos personajes y, sin embargo, no distingan ni una decena de aves vulgares.
Después, Alejandro Sánchez, realiza unas inferencias muy sencillas: este menguado conocimiento de las especies ha de ser debido al escaso contacto de los chicos con la naturaleza que, a su vez, puede derivar "en una más peligrosa falta de interés por el destino de la biosfera". Para evitar lo cual, la institución que dirige organiza buena parte de sus actividades. Éstas se basan en el poder que, como herramienta pedagógica, tiene el conocimiento de las aves y van orientadas a la "construcción de la conciencia medio ambiental del individuo". Es decir, gracias al conocimiento de las aves, los individuos apreciarán lo natural y tras esta valoración de lo natural ha de surgir el interés por su cuidado y conservación.


El artículo termina con una reflexión preventiva: dada la importancia de las técnicas virtuales en la didáctica actual, es necesario evitar el abuso de ellas para seguir manteniendo vivo el interés por el contacto directo con la naturaleza, porque:


"Después de todo nuestras aves son de carne y hueso, y no se conforman con un espacio virtual como los Pokémon. Necesitan lugares reales en los que vivir, alimentarse y reproducir.


Todo el artículo se encuentra dentro del espíritu de la ciencia. Pero hay algo que se opone a reducirse a él. En realidad se trata de tres enunciados:

A. Uno tiene carácter ontológico y reclama para las aves un carácter óntico diferente al de los Pokemon.


B. El segundo enunciado, muestra el asombro ante la facilidad de los chicos para memorizar las "especies" de Pokemon y su incapacidad para hacerlo con las aves. Se trata de la denuncia de la falta de formación.


C. El tercero muestra un ideal, el objetivo de la formación que se pretende lograr, en tanto ésta debe consistir en la construcción de la conciencia medio-ambiental del individuo.


Este tercer aspecto es claramente un ideal de formación o paideia. ¿Qué es lo que reclama esta paideia? Sin duda alguna se trata de una orientación de la existencia humana, tomada en totalidad. Esta orientación no afecta o no se atiene única y exclusivamente al ámbito del conocimiento. No, se trata de la orientación de la existencia humana hacia lo natural entendido en su totalidad planetaria. La dirección de tal orientación determina un modo de aprehensión correcta de lo verdadero que se pone de manifiesto en lo natural en su totalidad.


En cuanto al enunciado B, lo que suscita es, como ya hemos comentado, la cuestión de una formación o de la ausencia de ésta. De ahí, que no estemos tratando sólo de una cuestión psicológica. En efecto, todo lector reconoce que el estado de las facultades de los chicos, en cuanto conocedores de especies de Pokemon o de especies de aves, es óptimo. No se trata de hacer algún tipo de estudio psicométrico sobre las facultades puestas en acción en ambos casos. No, se trata de algo que va más al fondo de esas convicciones bien fundadas. Se observa inmediatamente que la falta de formación no es una regresión a un estado caótico de nuestras facultades o a un estado caótico de los objetos de la intuición.


El enunciado A define las diferencias en la forma de la manifestación de unos y otros seres, su generación y su relación con la permanencia de lo natural en total.


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La entrada en la caverna


Hemos visto que el enunciado B se centra en denunciar la diferencia entre la formación y la ausencia de ella. Pero la falta de formación no aparece retratada como un estado caótico de nuestras facultades. Por el contrario, la falta de formación aparece caracterizada como un exceso por parte de nuestro espíritu. Un exceso en la percepción, en cuanto que aprehende diferencias y carácteres que resultan superfluos (cualitativamente hablando) con vistas a un ideal de formación (enunciado C). Sin embargo, ya hemos comentado que lo que marca la diferencia no es el estado de nuestras facultades. No, la diferencia viene marcada por la forma de ser manifiesto de lo que se manifiesta en uno y otro caso (enunciado A) y por la actitud del hombre respecto a lo manifiesto en cada caso. O, más exactamente, al esfuerzo de adaptación que ha de hacerse para pasar de una a otra forma de aprehensión, siguiendo la orientación requerida por la formación necesaria.


Bien, pues esta diferencia entre la formación y la falta de ella es justamente lo que se encuentra en un muy venerable texto: el inicio del libro VII de la República.


"Y a continuación —seguí— compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la formación (paideia) o a la falta de ella (apaideusias), se halla nuestra naturaleza."Son las palabras con que se introduce el mito de la caverna.

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En la caverna


Imagina la vida diaria de nuestros estudiantes de primaria y secundaria. Si pruebas a buscar quién sea su maestro, su educador por excelencia, hallarás que no es otro que la televisión. A ella permancen atados. En efecto, se ven compelidos a tenerla como educadora desde la más tierna infancia, por cuanto las condiciones materiales de existencia de sus padres, más la universalización de los medios audio-visuales de comunicación, hacen que sean abandonados frente al televisor, al igual que en los mitos y cuentos eran abandonados los niños en selvas o flotando sobre la corriente de algún río, a la espera de que alguno, sea hombre o animal, se encargase de su cuidado y educación.


Así es como debutan en un mundo virtual. Mundo que consiste en proyecciones sobre un plano de toda clases de objetos producidos por la técnica humana y dónde estas mismas proyecciones son también fruto de la misma técnica, habiendo evolucionado a partir de la proyección cinematográfica.


¿Pero, estas proyecciones planas, dónde arraigan en lo común a todos los hombres? ¿De dónde obtienen su fuerza? ¿O por el contrario carecen de ella por no poder arraigarse en algo que sea esencial a los hombres?


Al igual que el dominio del hombre sobre sí mismo se realiza por el autorreconocimiento en su imagen especular; así, también, ingresa en este mundo virtual que se encuentra tras las superficies de los espejos junto a todas las imágenes de las cosas circundantes. Sí, el éxito de las imágenes proyectadas y las proyecciones de sombras sólo se explica por este arraigo en lo especular. Recuérdese que el espejo plano produce una imagen virtual de un objeto, por cuanto ésta se encuentra no allí donde concurren los rayos luminosos, sino allí donde concurren en el espacio virtual —o sea tras el espejo— las prolongaciones de los rayos de luz reflejada. Y recuérdese, asimismo, que la capacidad de realizar esas prolongaciones de los rayos es una función subjetiva, lo que no quiere decir que no pueda ser ejecutada por una cámara fotográfica.

¿Y qué hay de estas proyecciones si no son meramente visuales? Sí, si por medio de determinadas técnicas se les puede superponer el sonido y hacer parecer así que se cierran sobre sí mismas consistiendo en sí mismas. ¿No parecerían poseer la forma de ser, la consistencia y la autonomía de los mismos espectadores?





De modo que los objetos proyectados, en sí mismos, no son propiamente visibles. Mas, si tienen imagen especular son virtualmente visibles, al margen y, en cierto modo, en confusión con sus proyecciones. Por ello, los Pokemon y otros seres que no son de ningún modo especulares, tienen su existencia como puras proyecciones de objetos que, en sí mismos, son auténticamente invisibles. Constituyen, así, una especie de aristocracia de la existencia virtual.





¿Qué ocurrirá si esos mismos niños que se educan ante el televisor fueran obligados a captar los objetos que originan las proyecciones, en sí mismos? ¿No necesitarían un esfuerzo para adaptar la mirada a ese rango de "visibilidad"? ¿No sería el rango de visibilidad de los objetos que pertenecen a la aristocracia que hemos descrito antes, un rango muy extraño de visibilidad para ellos? Téngase en cuenta que los Pokemos han sido obtenido fundiendo imágenes de seres puramente imaginarios que pertenecen a una determinada tradición cultural, con imagenes de animales.











inconcluso























































































































































































































miércoles, 29 de julio de 2009

Los derechos contra le Ley


Incluso cuando mis deseos son transgresores, incluso cuando violan normas sociales, la transgresión se apoya en aquello que ella transgrede. Pablo lo sabía muy bien cuando en su famosa epístola a los romanos describe como la ley hace surgir el deseo de violarla. Como la estructura moral de nuestras sociedades todavía gira en torno a los Diez Mandamientos —la ley a la que se refería Pablo— la experiencia de nuestra permisiva sociedad liberal confirma la observación de Pablo: diariamente queda demostrado que nuestros queridos derechos humanos, en el fondo, son simplemente derechos de romper con los Diez Mandamientos. El "derecho a la privacidad"; el derecho al adulterio, cometido en secreto cuando nadie me ve o porque nadie tiene el derecho de meterse en mi vida. El "derecho de buscar la felicidad y de tener bienes privados"; el derecho a robar (o explotar a otros). La "libertad de prensa y de opinión" —el derecho de mentir—. El "derecho de todo ciudadano libre de tener un arma" —el derecho de matar—. Y, finalmente, la libertad de creencia religiosa" —el derecho a adorar falsos dioses—.


Slavoj Zizek. Cómo leer a Lacan, pág.51. Editorial Paidós. 2008

lunes, 27 de julio de 2009

El trabajo en el corazón de las tinieblas


No me gusta trabajar —a ningún hombre le gusta—, pero sí me gusta lo que hay en el trabajo: la posibilidad de hallarte a ti mismo. Es tu propia realidad, la que se te revela a ti y no a los demás, la que ningún otro hombre conocerá jamás. Los demás tan sólo pueden apreciar la mera apariencia y nunca sabrán lo que significa.

Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas, pág. 55. Ediciones Península. Año 2002.


En medio de un continente salvaje que empieza a ser infernal a causa de la civilización, novela Conrad la intrusión del dispositivo comercial e industrial del colonialismo europeo en África. Los paisajes son sombríos y asfixiantes. Los personajes que aparecen constituyen, con su fea precariedad, una queja dirigida a los civilizados europeos que creen ser la referencia necesaria de todo humanismo.

En ese mundo y sobre un barco de vapor destartalado, retorcido y deshecho, al cual está reparando Marlow, el autor trae esta reflexión como si llegara allí por correo, por los retorcidos y andrajosos caminos del colonialismo. Ese correo que acompañaba a la destrucción y la rapiña desatada sobre las selvas y las orillas del continente salvaje.

Ahí tenéis, junto al vapor destartalado, expuesta la esencia del trabajador, su realidad. No importa que el europeo haya llegado allí, al continente africano, impulsado por el deseo de rapiña o de aventura. No importa que aquel vapor haya de conducirnos al corazón del horror. No importa que los pies de Marlow se empapen de sangre en la cabina de aquel amasijo destartalado de latas y que, poco después, unos caníbales suspiren por la carne del negro que derramó aquella sangre, mientras que los europeos reclaman unas dignas exequias. Ahí, entre el canibalismo y la hipocresía.
Nada importa. Desenmascarado el devenir de toda jovialidad filosófica, se convierte en una aventura siniestra hacia el corazón donde se nos revela el rictus del horror; pero no importa, he aquí al logos occidental, sin jovialidad ni tinieblas. Tenéis aquí sencillamente al trabajo en tanto que revela la realidad del trabajador, mientras que mantiene alejados de la suya al amo y al consumidor. Tenéis aquí al trabajo en tanto que aleja del trabajador el producto de su trabajo y lo allega al amo y al consumidor. Tenéis aquí la revelación de la esencia de uno y la negación de la del otro. Tenéis aquí la expropiación de uno y el goce del otro. Todo definido en la relación de uno al otro.
Bien, la pregunta que se suscita es: ¿Cómo ubicar este benefactor discurso logocéntrico sobre el trabajo y la esencia del trabajador en una obra que gira en torno al horror? ¿Había leído Conrad a Hegel? Por qué no admitir que, al igual que el sueño de la razón engendra monstruos, el trabajo y su poder de revelación engendra otra clase de monstruos. No está el corazón de las tinieblas cargado de esos monstruos: Hagamos un breve inventario:
Tráfico de marfil, forma de rapiña ejercida contra la natruraleza y contra el orden social (robo de un cargamento, la atribución del carácter fósil a algunas piezas, Kurtz que intenta trabajar y enriquecerse al margen de la compañía,...)
Bloqueo del flujo de mercancias: no llegan los remaches necesarios para culminar la reparación del vapor y, sin embargo, hay un flujo cierto de abalorios y telas chillonas, más propios de África que de la Europa industrial.
El trabajo, convertido en predación y rapiña, convierte a los indígenas en extraños siervos de Kurtz que, a su vez, está poseído por una especie de religión ritual indescriptible para la mentalidad occidental y que, sin embargo, parece haber sido acuñada por Kurtz para un uso propio y no social.
No es necesario reseñar especialmente la crueldad del trabajo de los negros: los desahuciados de la arboleda, los cadáveres de negros asesinados por blancos que se encuentran en la selva. Toda una teratología que se opone al carácter puramente abstracto del trabajo industrial que, no por eso, ha dejado de comportar también crueldad. Mas, crueldad de facto, no de iure.
En fin, ¿no son todos estos los monstruos engendrados por el sueño del trabajo como dador de la esencia del trabajador?

martes, 7 de julio de 2009

Quid optes explorare labor (est)







Aeolus haec contra: "Tuus, o regina, quid optes
explorare labor; mihi iussa capessere fas est..."

Virgilio. Eneida, libro I, 76 y 77.


La traducción de Eugenio de Ochoa es:
Eolo le respondió: "A ti corresponde, oh Reina, ver lo que deseas; a mí tan solo obedecer tus mandantos..."


La traducción de Victor José Herrero:
Eolo, a su vez, respondió: "A ti corresponde, ¡oh reina!, saber lo que deseas, mi deber es cumplir tus órdenes..."


Mientras que Rafael Fontán Barreiro traduce así:
A lo que Eolo repuso: "Cosa tuya, oh reina, saber lo que deseas; a mí aceptar tus órdenes me corresponde..."





Estos versos se encuentran al principio de la Eneida. Narran cómo los desdichados supervivientes de la destrucción de Troya navegan expuestos a la ira de Juno. Se puede decir, por tanto, que la obra empieza con la cólera de ésta, tal como la Ilíada comieza, literalmente, con la de Aquiles.


El episodio es hermoso: Eolo, un dios subordinado, que tiene el poder de facilitar los medios a Juno para culminar sus propósitos para con los teucros, encomienda, sin embargo, a la reina de los dioses, un trabajo algo fatigoso: averiguar qué desea ella misma.


Deseo. Los traductores son responsables de que el significado de los versos se amplifique en la imaginación del lector. No cabe duda: para nosotros deseo no es término sencillo. No lo es ni en cuanto a lo que se desea, su objeto; ni tampoco lo es respecto a su constitución esencial, lo que es el deseo.


"¿Che vuoi?", pregunta el diablo —bajo una horrible apariencia— al osado que lo invocó en la novela de Cazote "El diablo enamorado". Una pregunta que huele a azufre. "¿Che vuoi?". Nosotros somos compelidos a preguntarnos sobre lo que deseamos. Pero, es también la cuestión del sujeto que desea. El sujeto del deseo no es ya el sujeto empírico o trascendental de Kant. No es el sujeto llamado a organizar, desde sí, el conocimiento, pues no se trata del conocimiento sino de la fantasía. No se trata de las condiciones de posibilidad del conocimiento objetivo sino de la escena en que el sujeto aparece como deseante. Escena y sujeto que se arrastran mutuamente. No es el ojo que organiza la perspectiva, sino el ojo que está en el cuadro como mirada depositada en perspectiva. Es el sujeto que no puede organizar la escena porque ha caído en ella. Es el sujeto del fantasma.


¿Y cree el lector que contempla Virgilio esta configuración? Es lo que hacen los traductores cuando obligan a Eolo a decir que la misión de la esposa de Zeus es definir su deseo. Aplicaríase bien a ellos lo que dice Aristóteles:


"En realidad, los que escriben discursos obtienen el éxito más por su dicción que por su pensamiento. Naturalmente, los primeros en apasionarse por esto fueron los poetas, puesto que los nombres son imitaciones y la voz es la más mimética de nuestras facultades. (...) Dado que los poetas, aun diciendo futilidades, parecían conseguir la fama, por ello surgió primero la dicción poética, como la de Gorgias. etc." [Retórica, III, 1404 a 14-36].


Creeran los traductores que la mera evocación de vocablos con sentido para los lectores, aunque la traducción que generen resulte fútil es garantía de algo. Lo único que está garantizado es un Virgilio revelando futilidades.


Veamos qué configura el deseo de Juno. Crecen en su corazón viejos rencores: el desprecio de Paris por su belleza, que el troyano Ganímedes sea festejado en el Olimpo por bello, tras haber atraído su hermosura al mismo Júpiter. También el futuro, que verá a los descendientes de Eneas destruir su amada Cartago (por cierto, tal destrucción se consumó varias décadas antes de ser escrita la Eneida). Por último el agravio que supone para ella que Atenea destruyera las naves de los griegos a causa de la ira de Ayax y, sin embargo, ella, hermana y esposa de Zeus, no ve coronada la obra de su cólera hacia los dárdanos. Entonces ¿qué le falta por definir de su deseo? Nada, su deseo está completamente definido



inconcluso