
Aeolus haec contra: "Tuus, o regina, quid optes
explorare labor; mihi iussa capessere fas est..."
Virgilio. Eneida, libro I, 76 y 77.
La traducción de Eugenio de Ochoa es:
Eolo le respondió: "A ti corresponde, oh Reina, ver lo que deseas; a mí tan solo obedecer tus mandantos..."
La traducción de Victor José Herrero:
Eolo, a su vez, respondió: "A ti corresponde, ¡oh reina!, saber lo que deseas, mi deber es cumplir tus órdenes..."
Mientras que Rafael Fontán Barreiro traduce así:
A lo que Eolo repuso: "Cosa tuya, oh reina, saber lo que deseas; a mí aceptar tus órdenes me corresponde..."
inconcluso
explorare labor; mihi iussa capessere fas est..."
Virgilio. Eneida, libro I, 76 y 77.
La traducción de Eugenio de Ochoa es:
Eolo le respondió: "A ti corresponde, oh Reina, ver lo que deseas; a mí tan solo obedecer tus mandantos..."
La traducción de Victor José Herrero:
Eolo, a su vez, respondió: "A ti corresponde, ¡oh reina!, saber lo que deseas, mi deber es cumplir tus órdenes..."
Mientras que Rafael Fontán Barreiro traduce así:
A lo que Eolo repuso: "Cosa tuya, oh reina, saber lo que deseas; a mí aceptar tus órdenes me corresponde..."
Estos versos se encuentran al principio de la Eneida. Narran cómo los desdichados supervivientes de la destrucción de Troya navegan expuestos a la ira de Juno. Se puede decir, por tanto, que la obra empieza con la cólera de ésta, tal como la Ilíada comieza, literalmente, con la de Aquiles.
El episodio es hermoso: Eolo, un dios subordinado, que tiene el poder de facilitar los medios a Juno para culminar sus propósitos para con los teucros, encomienda, sin embargo, a la reina de los dioses, un trabajo algo fatigoso: averiguar qué desea ella misma.
Deseo. Los traductores son responsables de que el significado de los versos se amplifique en la imaginación del lector. No cabe duda: para nosotros deseo no es término sencillo. No lo es ni en cuanto a lo que se desea, su objeto; ni tampoco lo es respecto a su constitución esencial, lo que es el deseo.
"¿Che vuoi?", pregunta el diablo —bajo una horrible apariencia— al osado que lo invocó en la novela de Cazote "El diablo enamorado". Una pregunta que huele a azufre. "¿Che vuoi?". Nosotros somos compelidos a preguntarnos sobre lo que deseamos. Pero, es también la cuestión del sujeto que desea. El sujeto del deseo no es ya el sujeto empírico o trascendental de Kant. No es el sujeto llamado a organizar, desde sí, el conocimiento, pues no se trata del conocimiento sino de la fantasía. No se trata de las condiciones de posibilidad del conocimiento objetivo sino de la escena en que el sujeto aparece como deseante. Escena y sujeto que se arrastran mutuamente. No es el ojo que organiza la perspectiva, sino el ojo que está en el cuadro como mirada depositada en perspectiva. Es el sujeto que no puede organizar la escena porque ha caído en ella. Es el sujeto del fantasma.
¿Y cree el lector que contempla Virgilio esta configuración? Es lo que hacen los traductores cuando obligan a Eolo a decir que la misión de la esposa de Zeus es definir su deseo. Aplicaríase bien a ellos lo que dice Aristóteles:
"En realidad, los que escriben discursos obtienen el éxito más por su dicción que por su pensamiento. Naturalmente, los primeros en apasionarse por esto fueron los poetas, puesto que los nombres son imitaciones y la voz es la más mimética de nuestras facultades. (...) Dado que los poetas, aun diciendo futilidades, parecían conseguir la fama, por ello surgió primero la dicción poética, como la de Gorgias. etc." [Retórica, III, 1404 a 14-36].
Creeran los traductores que la mera evocación de vocablos con sentido para los lectores, aunque la traducción que generen resulte fútil es garantía de algo. Lo único que está garantizado es un Virgilio revelando futilidades.
Veamos qué configura el deseo de Juno. Crecen en su corazón viejos rencores: el desprecio de Paris por su belleza, que el troyano Ganímedes sea festejado en el Olimpo por bello, tras haber atraído su hermosura al mismo Júpiter. También el futuro, que verá a los descendientes de Eneas destruir su amada Cartago (por cierto, tal destrucción se consumó varias décadas antes de ser escrita la Eneida). Por último el agravio que supone para ella que Atenea destruyera las naves de los griegos a causa de la ira de Ayax y, sin embargo, ella, hermana y esposa de Zeus, no ve coronada la obra de su cólera hacia los dárdanos. Entonces ¿qué le falta por definir de su deseo? Nada, su deseo está completamente definido
inconcluso
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