martes, 11 de agosto de 2009

DIOGNETO


Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario. Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.

Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (2Co/06/10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida

Tomado de gritos y plegarias 16ª edición DDB pagpágina 403 Se trata de un breve tratado apologético dirigido a un tal Diogneto que, al parecer, había preguntado acerca de algunas cosas que le llamaban la atención sobre las creencias y modo de vida de los cristianos: "Cuál es ese Dios en el que tanto confían; cuál es esa religión que les lleva a todos ellos a desdeñar al mundo y a despreciar la muerte, sin que admitan, por una parte, los dioses de los griegos, ni guarden, por otra, las supersticiones de los judíos; cuál es ese amor que se tienen unos a otros, y por qué esta nueva raza o modo de vida apareció ahora y no antes

3 comentarios:

  1. Sin ánimo y capacidad, por mi parte, de desarrollar, por ejemplo, una fenomenología de las religiones, y paralizado por la pesada e inamovible áncora de mi propia incredulidad, enraizada en las profundidades de mi persona... ¿cómo no especular sobre el soporte material de la epístola a Diogneto, destinado a envolver sardinas en aquella pescadería de la Constantinopla del siglo XV?
    Nada extraño que el estudiante de griego Tomás de Arezzo al ir a aprovisionarse de pescado diera un brinco al descubrir que en el vulgar papel con que se lo servían se hallaba plasmado con borrosa tinta el objeto y causa de sus desvelos y ansiedades: el idioma de Homero y Hesíodo. Hallazgo similar asegura Cervantes que le aconteció al él mismo cuando descubrió en el zoco de Toledo el manuscrito de Cide Hamete Benengeli en arábigo antiguo, el cual relataba la vida y hechos del Quijote.

    La incultura, la ignorancia y la desidia han hecho casi tanto daño al progreso de la humanidad como los malos escritores. Veo al pescadero con tacto de experto sospesando el grosor y la consistencia de los folios, acaso comprados al peso en el cuchitril de un mendigo, excedentes que algún bibliotecario desechó por falta de espacio en su establecimiento, y me retrotraigo a las circunstancias en las que los documentos que daban cuenta de cierta etapa de la historia del pueblo que habito, Castilleja de la Cuesta, y por ende de mi propia historia, eran almacenados. También por falta de espacio se amontonaban en un rincón del local que ejercía de prisión del Concejo, a la espera de un pescadero que ofreciese por ellos algo. Yo he tenido en mis manos papelotes con huellas de pisadas tras haber servido de alfombras, o con marcas de culos de vasos tras haber servido de manteles.

    "La doctrina que les es propia [a los cristianos] no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos", dice en una de sus partes el manuscrito a Diogneto. Desde luego, apunto, ni las autoridades de Castilleja, ni el figurado vendedor de la historia cervantina, ni el expendedor de los frutos del mar de nuestro caso, eran "hombre curiosos" bajo ningún concepto.

    ResponderEliminar
  2. ¡Antonio!, ¡Antonio! ¡Cómo gozo leyendo tus comentrios! ¡Geniales!
    Pero, más me gozo refutándolos.
    ¡Oh, querido amigo! Me gustaría ser ahora rápido y aforístico como el destello de una piedra preciosa. Me arriesgo así a que no me entiendas. Pero la incomprensión de un texto forma parte de su falta de ser.
    Ahí va:
    Querido amigo tu inamovible áncora de incredulidad reposa sobre el fondo del mar. O sea, el fondo inamovible de la credulidad más crédula de todas: la que acepta que existe esa pantomima llamada "progreso de la humanidad"
    O, si no, vuelve a leer tu segundo párrafo.

    ResponderEliminar
  3. Fe de erratas. Donde dice: "La incultura, la ignorancia y la desidia han hecho casi tanto daño al progreso de la humanidad como los malos escritores", debe decir: "La incultura, la ignorancia y la desidia han hecho casi tanto daño al progreso de algunos humanos —entre los que se encuentra quien esto escribe— como los malos escritores"

    ResponderEliminar